Tabernáculo de la Fé

Si Jehová no edificare la casa

Si Jehová no edificare la casa

A través de falsas doctrinas, mensajes anti bíblicos, políticos, los medios de comunicación y entretenimiento, y las tendencias populares, el diablo esta arrastrando a un sin número de personas al infierno. Desdichadamente, dentro de ese número, también podemos encontrar a un buen número de cristianos. ¿Por qué ha sucedido y/o esta sucediendo esto?

La razón por lo que un buen número de cristianos han abandonado su lugar de bendición, y han cambiado la verdad de Dios por las mentiras del diablo, es porque existen muchos que se les hace difícil discernir la diferencia. Como he repetido en otras predicaciones, si el diablo nos atacara abiertamente, es decir, de una forma que fuese fácil de detectar, ningún cristiano fiel sería vencido y/o engañado. Pero el diablo nunca nos ataca de forma fácilmente detectada, sino que siempre lo hace sutilmente, siempre lo hace a través de mensajes que aparentan inofensivos, benignos, positivos y agradables [1]. Y es exactamente por eso que todo cristiano fiel no puede dejar caer la guardia [2], sino que siempre tenemos que estar atentos y listos para pelear y defender lo que Dios nos ha entregado. ¿Qué puede un cristiano fiel hacer para evitar caer en las mentiras del enemigo? Este será el tema principal de la predicación de hoy. Hoy vamos a examinar un Salmo, que nos revela tres cosas que todo cristiano fiel tiene que hacer para evitar ser engañado por Satanás.

Salmos 127:1-2Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia. 2 Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.

Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice: “…Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican…” Para evitar caer en las trampas del enemigo, lo primero que tenemos que hacer es asegurarnos de que construiremos nuestra casa sobre la fundación correcta; la palabra de Dios. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque como todos sabemos, el mundo esta lleno de personas buscando soluciones inmediatas a sus necesidades y/o problemas, pero por mucho que corren de un lado al otro, nunca las encuentran. Y la razón por la que nunca encuentran las soluciones es porque están buscando en los lugares equivocados.

Muchos andan en busca de soluciones y depositan su fe en políticos, gobernantes, sistema de educación, y personas que ejercen influencia en este mundo. ¿Por qué sucede esto? En la mayoría de los casos esto es algo que sucede porque el cimiento de la vida espiritual de la persona se encuentra débil, o quizás el cimiento no fue echado correctamente, sino que esta mesclado y/o contaminado por las cosas del mundo. En otras palabras, no han edificado su vida en el Señor, sino que han ignorado o excluido algunas cosas que Dios nos revela en Su palabra.

El problema que existe en ignorar o excluir cosas que el Señor nos revela en Su palabra, es que esto nos conduce a edificar nuestra casa sobre un cimiento débil [3]. Nos conduce a edificar nuestra casa sobre un cimiento que no soporta, sino que se derrumba. Pensemos en esto por un breve instante, y preguntémonos ¿de qué nos vale decir que somos cristianos, si no usamos la palabra de Dios de cimiento en nuestra vida? Claro esta en que no nos vale de nada, y tarde o temprano nuestra casa, es decir quién somos, caerá derrumbado ante los ataques del enemigo. Y es por eso que como cristianos fieles tenemos que enfocar nuestra atención en el cimiento sobre cual estamos edificando; como cristianos fieles tenemos que asegurarnos que estamos edificando sobre la verdad de Dios, y no las mentiras del diablo.

¿Cómo podemos asegurarnos de estar edificando sobre la verdad de Dios? De la única manera que podemos asegurarnos que estamos edificando sobre la verdad de Dios, es tomando el tiempo de leer, y meditar en la palabra de Dios.

Como cristianos fieles tenemos que asegurarnos que el cimiento de nuestra vida sea solido, para que lo que edifiquemos no sea fácilmente destruido por las circunstancias y situaciones, que se presentan a lo largo de nuestra vida. Si no estamos edificando encima de la verdad de Dios, entonces no estamos haciendo nada, y por mucho que nos esforcemos trabajaremos en vano. Despierta al que tienes a tu lado y dile: edifica en la verdad de Dios.

Lo segundo que todo cristiano fiel tiene que hacer para evitar ser engañado por las mentiras de Satanás, lo encontramos aquí cuando leemos: “…Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia…” Como todos sabemos, las ciudades de antigüedad eran muy diferentes a las ciudades modernas. Hoy en día las ciudades son grandes y espaciosas, contienen todas las conveniencias modernas, y son habitadas por grandes números de personas. Pero en la antigüedad, las ciudades servían más como un lugar de protección que otra cosa. Y para poder ofrecer un lugar de seguridad a las personas, las ciudades normalmente estaban rodeadas de altas murallas, y tenían grandes portones que podían ser cerrados rápidamente. También tenemos el hecho de que encima de estas murallas siempre había una o más personas de guardia; es decir, personas cuya responsabilidad era constantemente vigilar el horizonte, y sonar la voz de alarma al ver algo sospechoso, o algún peligro eminente. Así que las murallas, portones, y vigilantes eran lo que le brindaban protección a los habitantes de la ciudad.

Manteniendo en mente el sistema de seguridad que las ciudades de antigüedad les brindaban a los habitantes, preguntémonos ahora: ¿qué nos dice la palabra a nosotros hoy en día cuando leemos: “…Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia…? Para responder esta pregunta debemos reflexionar por un momento y preguntarnos, ¿qué es nuestra ciudad?” Como les dije hace un momento, las ciudades de antigüedad eran más que nada un lugar de protección; un lugar que le brindaba un cierto nivel de protección a la población. Y la ciudad de todo cristiano fiel hoy en día es nuestra familia, y nuestro hogar. Pero si no permitimos que Dios sea quien guie nuestros pensamientos, y afirme nuestros pasos, entonces no seremos vigilantes efectivos, ya que nunca veremos el peligro que se acerca. Como nos dice la palabra aquí: “…En vano vela la guardia…” ¿Cómo podemos asegurarnos de que Dios sea quien guarde nuestra ciudad?

Para asegurarnos de que Dios sea quien guarde nuestra ciudad, lo primero que tenemos que hacer es asumir la responsabilidad que se nos ha entregado. Tenemos que asumir la posición de autoridad que Dios le entrega a todo(a) cabeza de familia. Esto quiere decir que como cristianos fieles tenemos que asumir la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos; tenemos que tomar el tiempo de amoldar el corazón de nuestros hijos e hijas según la verdad de Dios, y enseñarles a descubrir las mentiras de diablo. Como cristianos fieles, tenemos que ser el ejemplo a seguir, y dedicarle el tiempo requerido a nuestra familia. Ser cabeza de familia es mucho más que ser el proveedor principal en un núcleo familiar. Ser cabeza de familia significa que Dios te ha puesto en una posición de suma importancia, ya que los que te rodean serán influenciados por tus acciones, y también faltas de ellas. ¿Qué les quiero decir con todo esto?

Lo que les estoy diciendo es que tenemos que tomar el tiempo para enseñar a nuestros hijos. Tenemos que tomar el tiempo para enseñarles la palabra de Dios. ¿Por qué es tan importante que nuestros hijos conozcan la palabra de Dios? Para contestar esta pregunta, pasemos ahora a 2 Timoteo 3:16 donde leemos: “…Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia…” La razón por lo que enseñarles la palabra de Dios es tan importante, es porque la palabra de Dios es la que les enseñara el camino que siempre les conducirá a Dios; la palabra de Dios será la muralla de protección que les mantendrá seguros en medio de este mundo de maldad. La palabra de Dios es la que les ayudará a tomar las decisiones correctas, al encontrarse confrontados a la presión social y tendencias populares.